En esta serie, el animal deja de ser un motivo para convertirse en un gesto: el trazo rápido de un gato que huye, la presencia hierática de un pájaro que observa, la torpeza tierna de un borriquillo captado en carboncillo. Sobre cartones y tablas, cada criatura emerge con una urgencia que remite a lo primitivo, a lo instintivo, a lo que se dibuja antes de pensar.
Las figuras no buscan la fidelidad anatómica sino la verdad emocional del encuentro con lo otro-que-vive. Esmaltes, pigmentos y trazos gestuales componen un bestiario íntimo donde la naturaleza no se representa: se invoca.