
COLLECTION
La música se materializa aquí en composiciones donde elementos naturales —ramas, piedras, raíces, conchas— se disponen sobre partituras reales o imaginarias como notas de una sinfonía silenciosa. Las pianolas, construidas con madera y hallazgos del bosque, son instrumentos imposibles que sin embargo parecen a punto de sonar, de liberar la melodía contenida en la materia orgánica.
Cada obra es un himno callado a la relación entre naturaleza y armonía, entre lo que suena y lo que resuena en el silencio. La serie propone que toda forma natural es ya música: que el ritmo del crecimiento, la cadencia de las estaciones y la vibración de lo vivo son la partitura original de la que toda composición humana es eco.
















Poema
Acudo hasta la orilla del mar en la bahía que surcaron las galeras romanas, he venido a leerla, a escucharla atentamente. Hoy empezaré desde el oeste y caminaré por sus líneas hasta donde esta mañana estaba el sol. Mi sombra me precede y se desliza sobre cada palabra, cada nota, que las olas reescriben a cada golpe de marea. Pienso en el libro de arena, en la partitura de un himno que no se puede oír, escrito con modos arcaicos por Mesómedes de Creta, en el siglo II antes de Cristo.
Soy una figura que camina como sonámbulo por la orilla mirando al suelo, encuentro un tesoro y me agacho para recogerlo. Es la carcasa de un pequeño cangrejo rendido a la corriente, es un caracol marino, es una concha perfecta como un abanico submarino. Ahora es un opérculo, por una lado anaranjado o alizarina, con la forma de una orejita, por el otro de un blanco nácar silencioso como el signo que lleva grabado.
La espiral me dice que todo vuelve siempre otra vez de otra manera, y yo lo sé. Yo también volveré, desde el límite de la orilla caminaré de vuelta, al sol poniente. Será como leer el libro del revés, la partitura a contraluz. Y sé que veré palabras silenciosas que ahora se ocultan a mi audición.
Y de vuelta en mi estudio compondré una música breve como los siglos del tiempo.